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 Reflexiones > Estudios Bíblicos > La autoridad de la Biblia IV, por Timoteo Glasscock
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Publicado el 1 de Diciembre del 2000

La Autoridad de la Biblia (IV de IV):
La Autoridad de las Escrituras

     ¿Dónde se encuentra la autoridad última a la que el creyente ha de apelar en asuntos de la fe cristiana? Tres son las opciones principales que se suelen presentar, a las que añadiremos una cuarta.

1) La razón. Esta es la postura asumida por los teólogos llamados "liberales". Por encima de las Escrituras está la razón humana, con derecho a juzgar el contenido de la palabra para encontrar errores, discrepancias y defectos, y pronunciar sobre lo que realmente es palabra de Dios y lo que no lo es. De esta forma, muchos teólogos modernos niegan el reconocimiento de revelación infalible a la Palabra, acusan a la Biblia de tener muchos errores, y rehusan someterse a su autoridad.
     Pero la razón humana no puede actuar como fuente final de autoridad debido a su corrupción por el pecado. La mente humana es finita, muy limitada y en absoluto fiable. La arqueología se ha encargado de desmontar muchas de las teorías de los teólogos liberales, demostrando la veracidad de los relatos bíblicos frente a las acusaciones de error. Por otro lado, utilizar la razón como corte suprema de apelación sólo siembra la confusión, por ser un criterio totalmente subjetivo. ¿Cómo distinguir la verdad entre la multitud de teorías propuestas por distintos teólogos?
     Por supuesto que el creyente utilizará al máximo su mente y su inteligencia al acercarse a las Escrituras, esforzándose para comprender la revelación de Dios, y lo hará para la gloria de Dios. Pero nunca debe pretender que su inteligencia es más fiable que la palabra inspirada.

2) La Iglesia. Ésta es la posición de la iglesia romana y de la ortodoxa. "En la iglesia romana, la griega (ortodoxa) y otras iglesias antiguas, la Biblia constituye juntamente con la tradición viva de la iglesia la autoridad última. En las iglesias de la Reforma, la sola Biblia es el tribunal supremo de apelación en asuntos de doctrina y práctica" (Bruce).
     Aunque en teoría se reconoce la autoridad de la Palabra de Dios, se da mayor autoridad a la tradición eclesial, que muchas veces se utiliza incluso para invalidar las enseñanzas de la Palabra. Se argumenta (I) que la iglesia precedió al Nuevo Testamento, y que por lo tanto tiene una autoridad superior; (II) que la tradición de la iglesia suplementa la Escritura, que es incompleta sin estas adiciones.
     La respuesta evangélica a estos argumentos sería: (i) que fue la Palabra de Dios, primeramente predicada y luego escrita, la que dio origen a la iglesia, y no viceversa; (ii) que el Señor criticó severamente la tendencia judía a añadir tradiciones humanas a la revelación divina, con el resultado de invalidar el mandamiento de Dios para guardar esta tradición (Mr. 7:5-13). Debemos a todo costo evitar caer en el mismo error. Ninguna declaración doctrinal ni práctica religiosa puede ser válida si está en clara oposición a las Escrituras.

3) La Biblia. Esta es la posición evangélica, e históricamente la de las iglesias reformadas, resumida en el Artículo VI de la Iglesia de Inglaterra: "Las Sagradas Escrituras contienen todo lo necesario para la salvación; de modo que no ha de requerirse de ningún hombre que crea como artículo de fe lo que no se halla en ellas, ni sea probado por las mismas". La Confesión de Fe de Westminster reconoce la lista de los 39 libros del A.T. y los 27 del N.T. como "todos... dados por inspiración de Dios para ser la regla de fe y de vida.'
     Dice Hammond enfáticamente: "La afirmación de la supremacía de las Sagradas Escrituras, en todo el sentido de la palabra, forma parte de la esencia misma de la posición evangélica.., no hay palabras suficientes para destacar la importancia de acatar, más allá de toda duda, la autoridad irreemplazable de las Sagradas Escrituras en todo lo que atañe a la religión, ya se trate de la doctrina o de la práctica."

4) La experiencia. En ciertos círculos evangélicos hoy en día existe una tendencia a dar más importancia e. experiencias en la vida cristiana que a las enseñanzas de la Palabra de Dios, de manera que la exposición de la Palabra queda relegada a un lugar de poquísima importancia. Aunque en teoría no se niega la importancia de la Palabra como autoridad final, en la práctica se la margine de forma nefasta. Es importante aquí recordar (i) que las experiencias han de interpretarse a la luz de las enseñanzas de la Palabra, y no viceversa; (ii) que es de vital importancia en la iglesia local dar prioridad a la exposición de la Palabra de Dios, para que ésta llegue en la práctica a desarrollar su función como guía suprema en todos los aspectos de la vida cristiana.
     "Siendo renacidos, no de simiente corruptible sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba: la hierba se seca, y la flor se cae: mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada" (1 P. 1:23-25).

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Ti. 2:15).

Timoteo Glasscock

Bibliografía de Consulta:

J. Grau, "Introducción a la Teología" (CLIE).
J. Grau, "El Fundamento ApostóLico' (EEE).
T.C.Hammond, "Cómo Comprender la Doctrina Cristiana" (Certeza)
A. Kirk, "Así Confesamos la Fe Cristiana" (La Aurora).
J.M. Martínez, "La Biblia Dice..." (CLIE).
L. Morris, "Creo en la Revelación" (Caribe).
C.C. Ryrie, "Síntesis de Doctrina Bíblica" (Portavoz).
E. Trenchard, "Estudios de Doctrina Bíblica" (Portavoz).
P.W. Comfort, 'The Origin of the Bible" (Tyndale House).


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